jueves, 18 de junio de 2009

el caudillismo


Caudillismo y fragmentación del poder

El caudillismo comienza a desarrollarse a partir del conflicto entre unitarios y federales, donde se presentaban dos ideologías diferentes. Por un lado, los unitarios defendían un gobierno central ubicado en Buenos Aires que designara a los gobernadores de las demás provincias, quienes serían ejecutores de sus órdenes. En cambio, los federales sostenían que el poder nacional debía ejercer las atribuciones que las provincias le delegaran y que las propias provincias debían tener sus propias instituciones y gobernadores, implementando la autonomía provincial.

Dentro del contexto político, cabe destacar la inestabilidad del gobierno a través de la renuncia de Juan Martín de Pueyrredón, en junio de 1819, que luego fue sucedido por José Rondeau, quien en pocos meses perdió todo control sobre las Provincias Unidas.

A partir de este hecho, comenzaron las diferentes revueltas federales organizadas por los caudillos provinciales (jefes con mucho prestigio dentro de las provincias y con poder cívico-militar) que pertenecían a la burguesía agraria ya que tenían grandes extensiones de tierra y tomaron importancia a través de la ruralización del poder.

A fines de 1819, Estanislao López (caudillo de Santa Fe) y Francisco Ramírez (caudillo entrerriano) se rebelaron contra el directorio. Rondeau dispuso que el Ejército del Norte se encargara de reprimirlos, pero estas fuerzas se sublevaron. De esta insurrección surgieron nuevos caudillos que implementaron la autonomía en diversas provincias: Felipe Ibarra (Santiago del Estero); Juan Bautista Bustos (Córdoba); Bernabé Aráoz (Tucumán); Martín Miguel de Güemes (Salta y Jujuy); Salvador María del Carril (San Juan); Tomás Godoy Cruz (Mendoza).

En esas condiciones, la autoridad de Rondeau quedó restringida a Buenos Aires y perdió toda fuerza que le permitiera sofocar a los rebeldes. Finalmente, el 1 de febrero de 1820, López y Ramírez derrotaron a Rondeau en la batalla de Cepeda, lo que marcaría el principio de la fragmentación del poder.


Estanislao López (caudillo de Santa Fe)

En consecuencia, los caudillos exigieron la renuncia del director supremo, la disolución del congreso que había sancionado la constitución de 1819 y la libre elección, por parte del pueblo de Buenos Aires, de un gobernador con quien estarían dispuestos a pactar. A partir de este pedido, el Cabildo de Buenos Aires convocó a un Cabildo Abierto, del que surgió la primera Junta de Representantes de Buenos Aires que tenía la atribución de elegir gobernador para la provincia, cargo que se le otorgaría a Manuel de Sarratea.

El objetivo principal de Sarratea era negociar la paz, que se formalizó el 23 de febrero con el Tratado del Pilar entre Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos. A través de este tratado se acordó la libre navegación de los ríos Paraná y Uruguay, lo cual favorecía a las provincias litorales ya que querían que el puerto bonaerense no fuera la única vía para comerciar con el exterior. Si esto se concretaba y los porteños perdían el monopolio de la importación y la exportación de las mercaderías, la ciudad restaría importancia.

Además, las tres provincias se comprometieron para reunirse en San Lorenzo (Santa Fe) con el objetivo de concretar la convocatoria a un nuevo congreso que organizara el país bajo la forma federal. Aunque no se cumplió, el hecho de que se aceptara el federalismo generó enfrentamientos internos en Buenos Aires. Se alinearon aquellos que habían sido partidarios del directorio, algunos que habían apoyado a los vencedores de Cepeda pero que luego no concordaron con los caudillos, y también sectores populares urbanos que se oponían a la organización política que prometía el Tratado.

Por otro lado, existía el grupo de personas que estaba a favor del federalismo, lo que ocasionó una oposición que producía en la provincia inestabilidad política y choques armados entre las dos facciones a lo largo de 1820. De esta forma, el conflicto entre las ideologías federal y unitaria había estallado. En pocos meses se sucedieron en Buenos Aires diez gobernadores, sin que ninguno pudiera afirmarse en el poder.

La inestabilidad política recién terminó cuando Martín Rodríguez fue elegido gobernador, a fines de ese año. Sin embargo, Rodríguez tuvo que soportar un último motín, el 1 de octubre, cuando se sublevaron los cuerpos armados voluntarios de la ciudad. El gobernador se retiró a Barracas y esperó la llegada de Juan Manuel de Rosas. Con su ayuda, Rodríguez sofocó el levantamiento y finalizaron las sublevaciones.
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